lunes, 8 de noviembre de 2010

Una Maceta en el Corredor (Cuento)

Una Maceta en el corredor.

Por Leopoldo Zambrano Enríquez.

Harold seguía sentado en aquel cuero ardiente de su reluciente motoneta, ensimismado con el paisaje verde esmeralda que cortaba la interestatal 86. El panorámico tras el que se hallaba no mitigaba el tremendo calor que imperaba ese día.

Su uniforme era impecable: la hebilla bien pulida, las botas relucientes, el casco reflejaba el Sol que se colaba por uno de los tantos orificios del anuncio con un resplandor dorado. No había motoneta más limpia a 100 millas a la redonda; ¡cómo sino! la suya era la única en ese radio.

La persecución tras un adolescente había roto la monotonía de su vigilancia por un tiempo, pero esa carretera no era lo suficientemente transitada como para alejarlo de sus pensamientos. Los 10 años a cuestas en el cuerpo federal de motoristas no lo habían acostumbrado aún a esas largas sesiones tras los trotamundos sobre ruedas. Pero no podía hacer nada, el programa de orientación vocacional le había designado para ese puesto según sus aptitudes, y era bueno, sólo que… Harold soñaba con otras cosas.

Adoraba estar a la luz de las estrellas preguntándose si en alguna de ellas podría vivir una gran aventura. En su interior sentía que debería tener un trabajo más emocionante, tal vez un arqueólogo famoso descubriendo ruinas arcaicas en un viejo planeta, o quizás un gran inventor. Le gustaba trabajar las tardes de descanso en su garaje; aunque aún no lograba hacer algo que funcionara o fuera útil.

La tarde comenzaba a desfallecer, un viento fresco anunciaba la inminencia de la noche, y el Sol se despedía para dar paso a una hermosa Luna llena que casi cubría el horizonte. Era una hermosa visión; aquél plato naranja se erguía pausada e inexorablemente, luchando por alcanzar la infinitud del espacio. De cierta manera la envidiaba.

Sus meditaciones fueron interrumpidas cuando al lado derecho del astro, algo llamó su atención. Una luz que en un principio pensó se trataba de una estrella, Venus tal vez; pero pronto cayó en la cuenta de que en esa estación debería estar al otro lado del horizonte, era verano y no podía estar ahí, cualquiera lo sabía, hasta Harold. De pronto, la luz subió su intensidad. El tamaño se incrementó casi cuatro veces.

- “Eso no puede ser un paneta, ni una estrella” – se dijo.

Como un resorte saltó de la motoneta y caminó unos cuantos pasos, abriendo el espacio para ver mejor. La luz se dirigía hacia él, no cabía duda. Harold retrocedió 2 pasos sin quitar la vista de la luz. En la curva de la autopista un viejo De Lorean aceleraba a fondo, pero ni el chirriar de los neumáticos hizo que quitara su atención de aquel objeto que ahora mostraba una forma esférica reluciente, de un platinado luminoso, y envuelta en un brillo azulado. Ahora su tamaño era de un cuarto del de la Luna. Contrastaba con el naranja rojizo de la emergente Selene y tenía de fondo las rosadas y algodonosas nubes que colgaban de un cielo azul rey.

Las estrellas comenzaban sus guiños, pero palidecían ante la intensa luminosidad de aquella esfera que ahora dejaba ver una superficie metálica. De pronto, sin que Harold pudiera hacer nada, un movimiento vertiginoso del objeto hizo que Harold quedara petrificado. Aquella luz lo llenó todo… no tuvo tiempo de gritar.

Voces ininteligibles llegaban a sus oídos, no podía abrir los ojos y sentía que se encontraba sobre una superficie dura y fría. A través de los párpados percibía que el lugar donde se encontraba estaba lleno de una intensa luz.

Lo siguiente era un tanto confuso y regresaba a su mente con intermitencia: Una cámara de cristal, una diadema metálica, voces en la lejanía y una serie de murmullos que iban tomando sentido con el paso del tiempo. Intentaba abrir los ojos pero algo invisible se lo impedía.

No podría asegurar cuánto tiempo pasó. Las voces ahora eran del todo entendibles, pero aún no podía abrir los ojos.

-“¿Crees que sea el ideal?”

-“Así lo indica el informe”

-“Bien, hazte cargo”

La luz del lugar se convirtió en oscuridad total, no sabía ahora si tenía abiertos o cerrados los ojos, la sensación de inmovilidad ya había pasado, sin embargo, un persistente mareo lo imposibilitaba para mantenerse en pie.

Se recostó nuevamente pensando en su vida.

-“¿Qué será de mí? ¿Dónde me encuentro?”

Un potente rugido lo sacó de sus pensamientos, era uno de esos conductores locos del cuadrante 86 que acostumbraban divertirse recorriendo los anillos del planeta a toda velocidad.

Tras una breve persecución en su turboneta, cumplió su deber y regresó al puesto de vigilancia para seguir soñando… A pesar de llevar a cuestas 5 años en el Cuerpo de Seguridad Galáctica, no se acostumbraba a esas largas horas de vigilancia en los límites de SETI-VI. Pero no podía hacer nada, el programa de orientación vocacional le había designado para ese puesto según sus aptitudes, y era bueno, sólo que… Harold, soñaba con otras cosas.

Leopoldo Zambrano Enríquez
21 de Abril 2010.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La Guerra De Los Mundos



Hace 72 años, Estados unidos, sumido en el latente temor a una segunda guerra mudial, había escuchado hacía unos meses sobre la entrada de Adolf Hitler a Austria, lo que significaba una inminente Segunda Guerra Mundial. Esa era la razón por la que la mayoría estaba pendiente de la radio para saber la Última Hora de las noticias sobre un conflicto que parecía inevitable.

Sin embargo, la noche del domingo 30 de Octubre de 1938, se toparon al sintonizar la CBS (Columbia Bradcasting System) con un boletín donde se anunciaba que un extraño cilindro metálico, procedente de Marte, había caido en una granja de Grovers Mill.

Según estadísiticas posteriores, cerca de 9 millones de personas escucharon la transmisión de la invasión marciana en directo, y de ellos, 1 millón 200 mil se asustaron creyendo que lo que escuchaban era real.

Se comentó, ya varios años después, que incluso hubo personas que se suicidaron, sin embargo esto fue una confusión posterior que había tomado datos históricos anteriores como parte de este acontecimiento, en específico de "La Gran Depresión" de 1929 que dejó en el paro al 25% de la población activa en Estados Unidos, y que también jugó un papel importante en el estremecimiento causado por el programa de Welles, pues una invasión significaba volver a perder la tranquilidad, el patrimonio, y hasta la vida. Sin embargo, algunos concuerdan en que por lo menos hubo un intento de suicidio.

El pánico se expandió a todas partes. En Nueva York, los restaurantes se vaciaron. Las terminales de autobuses y las colas de taxis se llenaron de gente que trataba de llegar a sus hogares para confortar a sus familias. Las esposas telefoneaban a los bares, tratando de localizar a sus maridos.

Y la noticia siguió corriendo. Los marinos de la armada estadounidense fueron convocados a sus barcos en el puerto de New York, para preparar la defensa de América contra los marcianos. Desde Los Angeles hasta Boston se produjeron denuncias sobre meteoros. Alguna gente impresionable aseguró que, efectivamente, había visto marcianos. Los soldados estatales de reserva fueron llamados a presentarse en sus cuarteles generales como voluntarios para la defensa del mundo. En el sur, mujeres histéricas y llorosas rezaban por las calles. Los servicios religiosos fueron interrumpidos en muchos lugares del país cuando la gente irrumpía para contar las noticias a los fieles. Incluso se produjo el caso de un intento de suicidio. Las centrales telefónicas de los periódicos y las estaciones radiales estaban abarrotadas Pero curiosamente, no había indicios de pánico en los estudios de la CBS, donde, entre alaridos y anuncios sobre la implantación de la ley marcial Welles estaba otorgando a su programa un horrible final. Welles y Cotten fueron advertidos sobre la masa de llamadas telefónicas, pero Cotten minimizó el hecho: «Son unos pocos maniáticos». Hacia el final del programa, dos policías que estaban de guardia llegaron a la parte posterior de los estudios, pero al darse cuenta de que sólo se trataba de una obra radioteatral, no dijeron nada a nadie sobre el pánico, y en cambio se quedaron para oir el final.

Tras la emisión del programa, la Cadena Columbia recibió demandas por casi $ 750,000 dólares, que fueron desestimadas, y contrario a lo que se puediera esperarse por la "travesura" de Welles, los empresarios se felicitaban por haber contratado al actor más célebre de América. Los ratings del Teatro Mercury subieron rápidamente y hasta consiguieron patrocinador.

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Si bien, la emisión de Orson Welles fue el parteaguas en la historia de la radio, hubo otra producción similar que no corrió con tan "benignos" resultados. El 12 de febrero de 1949 "Radio Quito: La Voz de la Capital", en Ecuador, emitió su versión de "La Guerra De Los Mundos" utilizando como escenario sus propias ciudades.

La emisión causó un pánico mayor que el acontecido en Nueva York, tanto que las instalaciones de la radiodifusora fueron atacadas por la población enardecida quienes, víctimas de la ira, arremetieron contra la emisora provocando un incendio que también se llevó las instalaciones del rotativo "El Comercio"

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Henrik Klemenz, al respecto de este lamentable acontecimiento, nos cuenta en su artículo "La Tragedia de Radio Quito", publicado el 28 de Mayo de 1997 en Radio World International, lo siguiente:

Concebida por el director artístico Leonardo Páez, la emisión causó una verdadera agitación popular en Quito, una ciudad esencialmente tranquila. Al sentirse burlados, varios oyentes se desahogaron contra el edificio en donde funcionaba la emisora y el periódico El Comercio.

Primero fueron piedras y ladrillos. Luego alguien prendió fuego al edificio situado en el centro de la capital, apenas a una cuadra del edificio de correos. Las grasas y aceites de la imprenta del periódico, al igual que el papel allí almacenado, permitieron que la conflagración fuera rápida y total.

El argumento de la novela de Wells narra el inesperado descenso a la tierra de una máquina celeste procedente de Marte. Muchos quiteños no conocían la obra de Wells, pero sí reinaba un clima propenso a su presentación, pues en la prensa local "coincidencialmente" se hablaba en esos días de avistamientos de platillos voladores en las montañas cerca a la ciudad de Pasto, en Colombia.

Si el objetivo era sorprender a la audiencia, ello se consiguió con creces. Muy pocos estaban al tanto de lo que los actores del radioteatro tenía planeado. Los populares cantantes Benídez y Valencia también se sorprendieron. Después de su primera canción en vivo, el locutor los interrumpió para informar que ya se había visto un objeto volador sobre las Islas Galápagos. Y no terminaron de cantar la tercerca canción cuando el locutor informaba que un platillo volador había descendido en las afueras de Quito, en el barrio de Cotocollao.

Allí empezaba la dramatización. Hablando a través de un vaso para distorsionar la voz, los actores seguían informando sobre la visita de los extraterrestres. Podían escucharse órdenes impartidas a destacamentos de las Fuerzas Armadas para que atacaran a los supuestos invasores.

También se escuchaban supuestas llamadas de Radio Continental, de Ambato; Radio La Voz de Tomebamba, de Cuenca; Radio Cenit, de Guayaquil y otras emisoras. Todas advertían del peligro que se cernía sobre la república, pues se decía que había una nube de gases asfixiantes que se acercaba a la capital desde el sur, en donde ya estaba en problemas la ciudad de Latacunga.

Pero la obra no terminó de irradiarse porque la marea humana no permitió que continuara. Sólo se alcanzaron a transmitir unos 20 minutos [de la obra adaptada al radioteatro] antes que una masa enfervorizada encendiera el edificio donde funcionaba la radio.

La policía, al no divisar extraterrestre alguno en las afueras de Quito, y viendo que se trataba de una burla, se desentendió del problema. No se prestó ningún auxilio a los artistas, periodistas y demás trabajadores que intentaron ponerse a salvo, saltando del techo del edificio a otro colindante.

Los daños se calcularon en 8 millones de sucres, muy por encima de los 2,5 millones que era el valor asegurado de los bienes. Cinco personas perecieron calcinadas en las llamas.

Radio Quito estuvo fuera del aire durante dos años. Sólo el 30 de abril de 1951 pudo reanudar sus transmisiones. En la actualidad, Radio Quito sigue siendo una de las principales emisoras ecuatorianas. Ahora transmite en los 760 kHz en onda media, con 25 kW de potencía; y en los 4920 kHz en onda corta, con 5 kW de potencia que le permiten cobertura global del planeta.


Dos años después del reinicio de la emisora ecuatoriana, Estados Unidos volvia a repetir el estremecimiento marciano con la primera vesión cinematográfica de la historia de H. G. Wells.

Del realizador George Pal, la historia seguía el guión de la novela, aunque con algunas libertades, sobretodo en el diseño de los cilindros y los ocupantes de él, así como de los Trípodes, que ahora eran naves aerodinámicas que recordaban a las alas voladoras de la Fuerza Aérea de Los Estados Unidos, aunque con una hibridación tipo platillo volador, producto de la época que había dado comienzo en los 50's tras el revuelo de la prensa. Pero eso si, con su rayo de calor que irradiaba a cuanto humano se cruza frente a ellos.

Históricamente, el rayo de calor era sólo eso. El Rayo Láser aún no se construía, a pesar de que se tenían los fundamentos físicos para hacerlo, así que ese fue lo único falló en la película para darle el realismo que Pal buscaba según los cánones de la época. El primer laser logró construirse hasta el 16 de Mayo de 1960. 1960 fue otro año clave para Pal, cuando estrenó "La Máquina del Tiempo", también de Wells. Ambas producciones no pudieron ser vistas por el escritor, quien había fallecido el 13 de Agosto de 1946.

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En 1978 Jeff Wayne, un compositor que ya había despuntado en más de una composición en el mundo del teatro y la escena en general, y que posteriormente ampliaría su campo de acción como productor de música de alto nivel, compuso la que sería la pieza cumbre de su carrera, un musical inspirado en el mítico libro de H. G. Wells, "La guerra de los mundos".

Musicalmente hablando esta "Guerra de los mundos" es una verdadera joya del rock sinfónico, yo la llamaría "Ópera Rock Victoriana", con guitarras, bajos y teclados que crean una ambientación realmente asfixiante. Esta composición es algo totalmente diferente que creó una categoría aparte en el mundo músical y no debe enmarcarse dentro de los musicales propiamente dichos, pues reúne todas las condiciones para no ser considerada una composición convencional.

Es una composición dialogada, más no cantada, salvo por los excepcionales temas que subieron como la espuma ,"The Eve Of The War" y "Forever Autum", interpretados por Justin Hayward. En la parte narrativa, contó con la extraordinaria actuación, en voz, de Richard Burton.

Está de más decir que fue un gran éxito, se tradujo a varios idiomas y hace pocos años se llevó a cabo el proyecto de remasterizarlo, incluyendo una megapantalla con animaciones CGI que se acoplaban a la narración según se daban los acontecimientos de la historia. Desafortunadamente Richard Burton ya había fallecido, sin embargo, para conservar su magnífica voz en el musical en vivo, se creó una animación computarizada con el rostro de Burton acoplando las gesticulaciones a la narración.

El resultado, una magnífica puesta en escena que puso de manifiesto la intemporalidad de su obra. Como si fuera poco, en el escenario se contó con una máquina marciana a tamaño natural. Un ente mecánico móvil e iluminado que terminaba por darle la espectacularidad que la obra de Wells ameritaba.

Uno comprueba la maestría en la composición de Jeff Wayne, capaz de simular desgarradores sonidos de destrucción a manos de un siniestro ataque de "cilindros", como de describir musical y evocadoramente un paisaje extraterrestre en nuestro mismo planeta causado por la vegetación rojiza que los "marcianos" dejan a su paso.

Para afianzar la composición de Jeff, la partitura contó con las magistrales interpretaciones de David Essex y Phil Lynott, cantante y bajista de los Thin Lizzy, y Justin Hayward, cantante y excepcional guitarrista de los "The Moody Blues", que aquí tiene momentos realmente magistrales.

La partitura en su tiempo fue un verdadero récord de ventas, llegando a vender más de 12 millones de ejemplares en todo el mundo, con el tema principal de los "marcianos" quedando en nuestra mitología musical moderna, un tema inolvidable, que más de uno tarareaba sin saber nada de su procedencia.

Ni que decir tiene que esta nueva edición es totalmente obligada, un disfrute que traspasa al mundo del cine, y que rescata esta historia directamente desde su fuente, la literaria. Sin duda, una obra maestra de la Música.

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El 30 de Octubre de 2008, en claro homenaje a la adaptación radiofónica del Mercury Theatre, La Academia Española De La Radio inició un proyecto en el que convergieron las cadenas más importantes del País. La misión era realizar una readaptación de "La Guerra de los Mundos" pero tal y como Orson Welles la transmitiera en 1938.

En tal empresa se involucraron grandes voces. Locutores y grandes leyendas de la locución como Primitivo Rojas se dieron cita en el Teatro MIRA de Pozuelo de Alarcón

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Gracias a la cortesía de "La Agrupación Independiente De Radifusión Entreculturas", Evidencia X, conducido por el Productor César Buenrostro y un servidor, pudimos llevar a la Radio Por Internet en México esta histórica Emisión para celebrar el 72 aniversario de la Emisión de Orson Wells, El día de Brujas y, haciendo eco a la propuesta de La Academia Española de la Radio, secundar la instauración del Día 30 de Octubre como el Día Internacional de la Radio.

Spot Promocional En EVIDENCIA X:



Emisión Radiofónica en Evidencia X:



"Una Guerra En Sintonía"
El Making off de "La Guerra De Los Mundos"

Parte 1


Parte 2


Referencias:

Agrupación Independiente de Radiodifusión Entreculturas
La Guerra de los Mundos (Versión en español)
Jeff Wayne's The War Of The Worlds (1978)
Los Marcianos han Aterrizado!!!
La Tragedia De "Radio Quito"
Herbert George Wells y Orson Wells
La guerra de los mundos,cien años después
Memorias de las Radios del Interior
La Academia de las Artes y las Ciencias Radiofónicas de España
Los Periodistas y las falsas ciencias

Bibliografía

Grandes Errores
Nigel Blundell
Edivisión Compañía Editorial S. A.
Séptima Impresión . Febrero de 1991. (Pags. 43-49)
Título Original: The World's Greatest Mistakes
Traducción: Mario Esposito Morales

Leopoldo Zambrano Enríquez
Informe U. F. O.
Monterrey, Nuevo León. México.