domingo, 18 de mayo de 2008

El Dolor por el Amor


El amor es una de las sensaciones más sublimes del ser humano, el motor de la mayor parte de nuestros actos y el causante de tanto dolor en algunos casos. Esa dulce chispa que nos diferencia del instinto y nos hace suponer seres pensantes, seres sentimentales, seres que podemos palpar la esencia de la vida por ese bendito resultado de la interacción química entre cercanía y aprecio, mueve nuestra vida emocional.

Podemos definirlo de muchas maneras, y talvez no podamos definirlo realmente como es, sin embargo todos sabemos lo que nos hace sentir, lo que nos mueve a experimentarlo, y algunas veces lo que nos hace sufrir.

El sufrimiento por amor, es algo en lo que raramente caemos en cuenta, y solo lo palpa alguien que no está dentro de la vorágine en que nos envuelve cuando estamos ante una cama de hospital, o al lado de una silla de ruedas, donde su ocupante se debate entre la vida y la muerte. Ese amor vertido por los seres queridos hace que sobre quien lo vuelcan permanezca con nosotros un poco más, alargando su agonía.

El alma del enfermo se acongoja, el espíritu de los parientes no acepta la próxima partida, y entre el inmenso amor que inunda el recinto, gira un gran remolino de dolor y agonía por no querer dejar a quienes lloran silenciosamente en derredor.

La vida nos enseña que la muerte de un pariente cercano es parte importante de ella misma, cada día que pasa todos nos acercamos inexorablemente a ella, y si no se experimenta, no seremos capaces de valorarla, asi como tampoco a la realidad en que vivimos como tal por no desear afrontarla.

El deseo de que un pariente moribundo permanezca con nosotros por unas horas más, convierte ese infinito amor en una gran sensación de impotencia para quien la esta padeciendo, haciendo más difícil el último instante, yéndose con una sentimiento de abandono y congoja. Por nuestra parte, los que ahora nos quedamos, tenemos un gran sentimiento de ausencia, un gran hueco en nuestra alma y un infinito sentimiento de soledad.

No nos atrevemos a ver más allá, no vemos que ahora es el verdadero tiempo de descansar para nuestro ser querido, pues él añ fin estará en verdadera paz, en armonía con el Universo y la infinita bondad del creador, sea cual fuere la religión que profesó o profesemos nosotros.
Debemos entender que, aunque sea doloroso, la muerte es parte de la vida, un paso más en ese constante avanzar del ser humano por el tiempo. No podemos decir a ciencia cierta si después de la muerte existe otro plano, otro Universo, otra vida; pero si podemos, con el sentido común, decir que se ha pasado el umbral de la existencia a un mundo que suponemos mejor.

Existen muchas teorías y posibilidades que se podrían estudiar al respecto, pero no es la finalidad del presente ensayo, sino más bien tranquilizar nuestro corazón, y tratar de ver que el amor que sentimos por quien se va, en realidad está frenando el pasó final en la evolución de su espíritu, enturbiando la trascendencia de su alma. De la misma forma que un recién nacido es recibido con gozo y júbilo, de esa misma manera deberíamos despedir a los que se van, para darles la tranquilidad de que estaremos bien sabiendo que ellos van a un mundo que tal vez sea mucho mejor que el nuestro, con la seguridad de que nosotros podremos seguir adelante mientras los alcanzamos.

Sin embargo, ellos no se van del todo, una parte está en nosotros, somos parte de su carne, de su sangre, de su vida. En nosotros llevamos su esencia y sus enseñanzas, y eso los hará inmortales mientras los recordemos a cada instante de nuestras vidas.

Si, el amor a veces es un gran látigo que lacera el alma cuando por amor deseamos postergar el momento final, y ese infinito amor por un ser querido, nos ciega no dejándonos ver el sufrimiento que le causamos por mostrar el desamparo en que sentimos quedarnos.

Tratemos de ver más allá, y despedirnos con júbilo y resignación pues, la muerte, solo es un paso más dentro de la misma vida.

L. Z. E.
Escrito para Luis Ramírez Reyes
Como Colaboración para UNIVERSO ISSFAM

4 comentarios:

MIRTA CRISTINA RODRIGUEZ CORDERI dijo...

El amor es una entrega tan radical del yo, es un desgüace tan vertical y definitivo, que cuando el que ama no es correspondido pasa por sucesivas muertes...hasta dejar el alma en el último suspiro
En cambio, el amor correspondido, qué explosión galáctica en medio del pecho para ambas partes de la pareja!!!
Te felicito, Leo, leerte es recordar....y la pureza de golpe está ahí, al alcance de la mano
Sigue siendo como eres...no cambies nunca
Mirta

Leopoldo Zambrano Enríquez dijo...

Gracias mi querida MIR, es un honor tener tus comentarios en mi Blog.
Y como dices, el amor es un gran cúmulo de sensaciones y un punto de partida de muchas historias que se pueden desenvolver de forma distinta dependiendo del tipo de amor que se trate.
Unos sueñan con él, otros lo viven, y otros más lo recuerdan, pero todos, de alguna forma, son tocados por él. Lo que suceda después, es otra historia.

hadalejos dijo...

Hasta el nombre del blog me gusta, por que todo sentimiento tiene cabida en las Meditaciones de un fumador. Adicionalmente, expresado todo con tanta emoción...
Felicidades Leo, y un abrazo venezolano
Martha Rosenthal

Leopoldo Zambrano Enríquez dijo...

Mi querida Martha:

Gran alegría verte por aquí. Gracias por tus palabras y gracias por el abrazo.

Va uno mexicano de vuelta acompañado de un beso.

Gracias.